Errores comunes en el mundo del fitness

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La búsqueda de la figura perfecta o el cuerpo ideal puede resultar un tanto tediosa e inalcanzable si se cometen errores al seleccionar el programa de entrenamiento, el plan dietético, la frecuencia o la intensidad.

Así sea por falta de información o por un exceso de esta, muchas personas se pasan la vida rotando de gimnasio en gimnasio, inconformes y desesperados por no lograr los resultados deseados.

Tan simple como agregar una merienda al día o tener períodos de descanso más largos durante la semana podrían impactar significativamente el progreso. Sin embargo, por inconformidad, ansiedad o desesperación, terminamos haciendo dietas extremas, entrenamientos híper intensos o sencillamente dándonos por vencidos.

Si perteneces al grupo de personas que lo han intentado todo y no ven resultados, existe la posibilidad de que estés cometiendo alguno de los siguientes errores:

Pagar el entrenamiento más costoso y esperar que funcione
Existen cientos de tipos de entrenamientos e igual cantidad de centros o gimnasios que los ofrecen. Desde una clase gratis hasta una que vale alrededor de US$70.00 por hora, siempre encontrarás muchas opciones y no necesariamente tus resultados serán proporcionales al precio.

Se suele tener la errada percepción de que “si cuesta más debe funcionar mejor”. Aunque esto se aplique de maravilla en electrodomésticos, en el mundo del fitness no siempre es así. Pagar un programa costoso no te garantiza resultados. La efectividad del mismo dependerá del compromiso que hagas, tanto con el entrenamiento como contigo mismo.

El mejor ejercicio para ti será aquel que te comprometas a hacer, que se ejecute en un espacio que cumpla con los requerimientos de seguridad, que sea dirigido y diseñado por un profesional del área y que desde luego vaya de la mano con un plan alimenticio. El precio no es lo que determina su efectividad.

Saltar comidas
Dejar de comer para rebajar es uno de los errores más comunes que cometen las personas.

Explicado de una forma fácil, cuando te saltas una comida el cerebro envía una señal de emergencia al cuerpo advirtiendo que debe guardar reservas. Esto hace que el metabolismo sea más lento y que se retengan aquellos componentes que deberíamos rechazar para usarlos como energía. De modo que, en vez de rebajar subes de peso.

La mayoría de las dietas deportivas incluyen hasta 6 comidas al día, lo que da como resultado un metabolismo acelerado. Cuando esto sucede, el cuerpo absorbe los nutrientes de los alimentos y desecha lo demás de forma rápida, lo que se traduce en una pérdida o control de peso.

Creer que el sudor es grasa quemada
El sudor es una combinación de agua con minerales que se expulsa del cuerpo cuando se hace algún deporte o ejercicio. Sudar más no quiere decir que rebajarás más. Sin embargo, es posible que quemes grasa como efecto de la actividad que estés realizando. En una clase de ejercicios cardiovasculares de alto impacto, notarás que expulsarás grandes cantidades de sudor y conjuntamente estarás quemando grasa.

La transpiración varía de persona en persona y dependerá de las condiciones ambientales, por consiguiente no debes tomarlo como determinante para calificar el entrenamiento que se realiza.

Usar el mismo calzado para todas las actividades y esperar hasta que se rompan para cambiarlos

En ambos casos hay un problema. La mayoría de las zapatillas deportivas son diseñadas para una actividad en específico. Aunque muchas pueden servir para más de un entrenamiento, lo recomendable es que si realizas un tipo de ejercicio con frecuencia, utilices el calzado apropiado.

Las lesiones en rodillas, tobillos y talones durante los ejercicios se dan comúnmente por la falta de un zapato adecuado, o por una superficie de entrenamiento inestable o insegura.

Ahora bien, los calzados deportivos tienen una fecha de caducidad. Aunque luzcan como nuevos, su sistema de resorte y plantillas suelen desgastarse con el uso, lo que provoca molestias inesperadas en la planta del pie y los talones.

Evitando lesiones te mantienes activo en tu plan o propósito de salud.

No descansar
Hacer 20 horas de ejercicio a la semana no garantiza resultados. El descanso es tan importante como el entrenamiento, pues los músculos necesitan de su recuperación. Lo ideal es hacer en la semana al menos 3 horas de ejercicios cardiovasculares, 2 horas de entrenamiento con pesas y al menos 1 hora de estiramientos, distribuidos entre los 5 días laborables de la semana. Si la meta es adelgazar puedes hacer hasta 5 horas de cardio, o bien si lo que buscas es tonificar aumenta las horas de entrenamiento con pesas.

Sea cual sea tu propósito, debes repartir las horas durante la semana de modo que haya días de descanso entre ellas.

Pretender que puedes entrenar como un profesional en tu primera semana
Llevar los entrenamientos paso a paso es importante, pero es mucho más importante que respetes tu nivel.

Es posible que te sientas capaz de hacer una clase completa o levantar una gran cantidad de peso en tu primer día. Sin embargo, tomar las cosas con calma te garantiza un entrenamiento libre de lesiones.

No intentar cosas nuevas
Te pasas años haciendo la misma rutina de ejercicios y te quejas de no ver resultados. Muchas veces permaneces en un mismo gimnasio por comodidad, por fidelidad o porque es lo único que conoces. Si lo que buscas es un cambio, debes empezar por intentar algo distinto, así sea cambiando de rutina, de instructor, de programa o de centro.

No entrenar con pesas por temor a desarrollar músculos grandes
Las mujeres necesitan entrenar con pesas. Gran parte de los problemas de vejes en cuanto a posturas y estabilidad muscular, se mejoran cuando desde jóvenes se incorporan las pesas a los entrenamientos.

Los ejercicios con pesas ayudan a fortalecer el cuerpo y a obtener una figura más tonificada. Al tener más músculos, quemas más calorías en todas tus actividades y por ende pierdes peso más rápido.

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