Tempo: “Yo estudié en la universidad de la calle y en la de la prisión”

0

Tempo no es un héroe, más bien un hombre de lucha que viene de regreso del infierno. Guarda secretos, crea, polemiza, teme a Dios.

-¿Cuándo fue su primera experiencia con Dios?
A los cinco años yo formaba parte de un grupo musical en la iglesia y me dejaban tocar la batería después del culto. Como a los ocho años pertenecí a un coro de niños que se llamaba Peniel, Fui criado en el evangelio. Pero mi encuentro real con Dios, que dije “¡wao, esto es real!”, fue en la prisión. Conocía de Dios, pero honestamente no hay excusa para las cosas que hice. Lo que pasa es que las cosas que yo vivía, lo que estaba viendo, eran más las negativas que las buenas, y me incliné quizás más por las negativas.

En la prisión me quedaba sin aire, literalmente, y el único escape que tenía era cuando visitaba la iglesia haya adentro y decidí aceptar a Cristo como mi único salvador. Desde ese momento mi vida cambió. Mucha gente es la hora que me reclaman, porque yo dije que cuando yo saliera le iba a servir al Señor. Yo siempre he dicho que para servirle al Señor no tienes que estar todo el tiempo… La salvación es individual, y aunque parezca irónico creo que siempre me van a juzgar, por más bien que yo haga las cosas. Yo tengo una relación con Dios. ¡De que he sido un mal agradecido? Sí, lo acepto, lo admito: soy un pecador. Delante de él no hay secretos, no me puedo esconder. Pero siempre he tenido la convicción de que yo estoy fuera, estoy libre y fue por la misericordia de él.

David Sánchez Badillo (Tempo) de niño estudió percusión en una escuela de música, allí aprendió solfeo, los compases, “que si las blancas, que si las negras, el 6 x 8, eso que dice que yo no sé -dice refiriéndose a su controversia con Residente-, ahora me considero músico de oído, toco piano también”.

-Pero de niño no cantaba rap ni reggaetón.
Mira lo que son las ironías de la vida, la primera vez que escuché rap fue por mi mamá, con un disco de vinil, y luego casetes…

-Y siendo como es de Ponce, de donde son Héctor Lavoe y La Sonora Ponceña, ¿le influyó la salsa?
Claro, yo soy salsero. Una de mis mayores influencias fueron Héctor Lavoe, Tito Puentes, Pappo Lucca, Eddy Palmieri, todos ellos son ponceños. Contamos también con Ednita Nazario. La ciudad de Ponce es increible.

-¿Qué otras figuras le han influido?
Mi mayor ídolo -y lo dije antes en una entrevista para Al Rojo Vivo que me hicieron en prisión, en un cuarto lleno de periodistas y federales- es Ricardo Montaner. Cuando quiero irme bohemio, flow romántico oigo a Ricardo Montaner. Me sé todas sus canciones y quisiera el día que me case, quiero llevarlo a que él cante.

-¿Cuál fue su primera pelea de niño? ¿Recuerda con quién?
¡Yo tengo una carrera de boxeador! Era medio peleón en la escuela. Entrenaba boxeo, pero era peleador de artes marciales. Fueron muchas las peleas en la escuela, en el caserío… Todavía es la hora que si hay que pelear, peleamos. Ahora no se pelea mucho. Creo que fue con un muchacho que se llama Eliú, peleamos como cuatro veces diferentes. Nos levantábamos a pelear., nos acostábamos, y al otro día, vamos a pelear otra vez. Y ahora es mi pana. Para que veas como son las ironías de la vida, tengo un primo que se llama Javier, y él me agobiaba, y un día iba pasando y me escondí y le di con el canto de una ventana, que le quité parte del tabique y de la oreja. Y ahora dice con orgullo, “¿tu ves esto? ¡Esto me lo hizo mi primo Tempo!”… Es que la zona donde yo vivía era dura y había que defenderse. Los que me conocen de entonces me dicen Davicito. Cuando alguien me lo dice, sé que es de entonces.

-¿Su mamá fue madre y padre?
Sí, madre y padre. Ella me crió. Ahora tiene 59 años.

-Todavía se puede casar… ¿La dejaría que se casara?
No, no, no. Creo que una vez tenía un noviecito, yo acababa de salir de la prisión y ella me dijo, mira tengo un amigo que me va a visitar. Y cuando él se enteró que yo había salido, creo que no la vio más nunca.

-¿Son consustanciales al género urbano las peleas?
En todos lados pasan peleas, igual que en el género de la salsa en aquellos tiempos, Chamaco Ramírez, el mismo Domingo Quiñones con Cano Entremera siempre se han tirao. Eso es parte del negocio.

-¿Las tiraeras han llegado a lo físico, a caerse a tiros?
No, no, no, gracias a Dios. No como en estados Unidos y eso. Se ha dado algún contacto físico, pero nada de tiros, y espero en Dios que eso nunca suceda.

-¿Le hubiese gustado estudiar en la universidad?
-No. Yo estudié en la universidad de la calle y en la universidad de la prisión: hice 11 cursos de Psicología y estudié Leyes para poder llevar mi caso también. Le dije a la psicóloga del penal que yo me quería automedicar para controlar mis impulsos, pues yo era muy impulsivo, y ella me dijo que la Psicología es para aplicarla en otros, que era casi imposible uno mismo darse psicoterapia, y le dije, pues sabes qué, yo voy a romper con esos estereotipos, y a los tres o cuatro meses yo estaba liderando las tutorías de la prisión.

-Le echaron 24 años por narcotráfico y era el número 23668069. Una vez dijo que ese era el cementerio de los vivos. ¿Se sintió muerto en vida?
Todos nos sentimos así en un momento dado… El problema real que uno siente en la prisión es el asfixie, que uno se queda sin aire, literalmente. Vienen esas Navidades, esos cumpleaños de tus hijas, las graduaciones, que solo las puedes ver por fotos. Es muy fuerte. Para que tu familia pueda verte, tienen que coger un avión. Hice siete prisiones diferentes, con los envíos disciplinarios, tenía que ir a hacer ajustes a estas prisiones. Estuve en Arkansas. Ahí fue cuando de verdad vi el verdadero infierno. Fui por 18 meses y tuve que hacer 36 meses, en cárcel de máxima seguridad, sin teléfono, sin visitas… Es la primera vez que hablo de esto. Es bien, bien fuerte…

-¿Cuál fue el día más difícil?
El 20 de noviembre de 2010. Murió mi vieja, mi abuela, el ser que más yo he querido en mi vida…

Tempo queda en silencio y traga en seco, llora por dentro.

Fuente: DiarioLibre

Share.

Deja un comentario